Pereira, Colombia.– Pereira intenta levantarse entre edificios colapsados, calles cubiertas de escombros y familias que buscan a sus seres queridos, después del terremoto de magnitud 7.4 que golpeó el centro y occidente de Colombia.
La ciudad, una de las más afectadas por el sismo, permanece parcialmente paralizada. Gran parte de Pereira quedó sin electricidad, mientras el servicio de internet y la telefonía funcionan de manera intermitente.
Las calles están cubiertas de vidrios, ladrillos y cables eléctricos. Cientos de viviendas colapsaron o presentan grietas, mientras vehículos quedaron destruidos por paredes y estructuras que se desplomaron.
“Es una ciudad zombie”, describió Juan David Gaitán, de 30 años, al observar el panorama dejado por el terremoto.
Entre las escenas más dolorosas está la de Jorge González, de 35 años, quien permanece desde el lunes removiendo con sus propias manos los restos de un edificio de cuatro pisos en busca de su tía Nubia Bonilla, de 87 años.
González teme que la mujer haya muerto luego de encontrar sangre entre los restos del apartamento donde vivía.
“Hasta que no me entreguen el cuerpo no me pienso ir de acá”, dijo entre lágrimas a la AFP. “Ella era lo único que tenía y se me fue, ya quedé solito”.
Como él, cientos de familiares, voluntarios y rescatistas continúan trabajando entre los escombros en busca de personas desaparecidas.
Jesús Piñeros, un obrero de la construcción de 28 años que llegó a Colombia desde Venezuela hace tres años, volvió a quedar sin hogar. La vivienda donde residía junto a sus hermanos y sobrinos quedó destruida.
Su familia se refugió en la casa de un pariente que permaneció en pie. Varios niños duermen sobre colchones colocados en la acera, debido al temor de permanecer dentro de las viviendas dañadas.
“Venimos desde abajo, nos toca levantarnos nuevamente igual que todos”, expresó.
Otros sobrevivientes también describieron momentos de terror.
Stella Galvis contó que logró salir junto a su esposo y su hijo segundos antes de que el edificio de cuatro pisos donde vivían se desplomara.
“Nos quedamos sin nada, lo perdimos todo”, relató entre lágrimas. “Nos salvamos de milagro”.
La vendedora ambulante Maribel Verano permanece en medio de la angustia mientras busca a su madre, Luz Marina, de 72 años, y a su hermana Sandra, de 38, quienes se encontraban en un pequeño hotel que quedó reducido a escombros.
“Espero encontrarlas con salud”, manifestó.
La tragedia revive además el recuerdo de otros desastres que han marcado la región, entre ellos el terremoto de 1999, que dejó cerca de 1,200 muertos, y la tragedia de Armero de 1985, provocada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz, que causó unas 25,000 muertes.
Mientras continúan las labores de rescate, las autoridades enfrentan también problemas de abastecimiento. Algunos supermercados y comercios comienzan a reportar escasez de agua y alimentos.
El aeropuerto de Pereira permanece cerrado y varias vías de acceso terrestre están afectadas por derrumbes, complicando la llegada de ayuda y el traslado de personas.
El terremoto, registrado a las 7:34 de la mañana del lunes, mantiene a Colombia en estado de emergencia mientras los equipos de rescate avanzan entre las estructuras destruidas para localizar a posibles sobrevivientes y recuperar a las víctimas.
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