Por Julio Disla
La globalización neoliberal, caracterizada por la expansión del libre mercado, la desregulación estatal y la primacía del capital transnacional, ha modificado radicalmente los marcos culturales y sociales de las comunidades alrededor del mundo.

Este fenómeno no solo reconfigura las economías locales, sino que también ejerce una presión significativa sobre las identidades colectivas, erosionando tradiciones, lenguas y formas de vida que constituyen el patrimonio cultural de los pueblos.
Según Harvey (2007), el neoliberalismo no es únicamente una política económica, sino una lógica que penetra todas las esferas de la vida social, incluyendo la cultura. Bajo esta lógica, las expresiones culturales se convierten en mercancías sujetas a las dinámicas del mercado, lo cual favorece la difusión global de valores, símbolos y estilos de vida que responden a intereses hegemónicos, particularmente de los países del norte global.
Como resultado, muchas comunidades enfrentan procesos de aculturación y pérdida de identidad, al verse obligadas a adoptar modelos culturales ajenos a su historia y realidad.
Bauman (1999) advierte que la globalización neoliberal fragmenta las estructuras sociales, generando una “modernidad líquida” en la cual las identidades se vuelven inestables y volátiles.
En este contexto, los referentes culturales tradicionales pierden su capacidad de dar sentido a la experiencia colectiva, especialmente entre las juventudes, quienes son altamente influenciadas por los medios masivos y las redes sociales globalizadas.
Además, la reducción del papel del Estado en el ámbito cultural ha debilitado los mecanismos de protección y promoción de la diversidad cultural.
Como señala Canclini (2004), el desmantelamiento de las políticas públicas orientadas a la cultura favorece el predominio de las industrias culturales transnacionales, lo que acentúa la dependencia simbólica de las poblaciones locales y limita el acceso a narrativas propias.
En síntesis, la globalización neoliberal afecta profundamente la identidad de los pueblos al imponer una lógica económica que privilegia la uniformidad y la rentabilidad por sobre la diversidad y la memoria cultural.
Frente a esta realidad, es urgente reivindicar políticas culturales que fortalezcan las identidades locales, promuevan la interculturalidad y reconozcan el derecho de los pueblos a preservar y desarrollar sus propias formas de vida.
Referencias
Bauman, Z. (1999). La globalización: Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica.
Canclini, N. G. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados: Mapas de la interculturalidad. Gedisa.
Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo.



