SANTO DOMINGO.- El acelerado envejecimiento de la población en América Latina plantea nuevos desafíos para los sistemas de salud, entre ellos los cambios que experimenta el sistema inmunitario con el paso de los años, proceso conocido como inmunosenescencia.
De acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), para 2030 las personas mayores de 60 años superarán en número a los menores de 15 años en América Latina y el Caribe.
Este cambio demográfico está acompañado de un aumento de la esperanza de vida y obliga a fortalecer las estrategias de prevención y atención dirigidas a las personas adultas mayores.
La inmunosenescencia se refiere a los cambios que ocurren en el sistema inmunitario como consecuencia del envejecimiento y que afectan tanto la inmunidad innata, con la que nace una persona, como la adaptativa, desarrollada durante la vida mediante la exposición a microorganismos y la vacunación.
Estos cambios pueden reducir la capacidad del organismo para responder ante determinadas infecciones y disminuir la respuesta a algunas vacunas. También pueden estar relacionados con un estado de inflamación de bajo grado y con una mayor incidencia de determinadas enfermedades.
Mayor riesgo frente a infecciones respiratorias
Las modificaciones del sistema inmunitario adquieren especial importancia frente a las enfermedades respiratorias en los adultos mayores.
El infectólogo dominicano David De Luna explicó que entre los principales desafíos se encuentran las infecciones provocadas por virus como la influenza, el virus respiratorio sincitial (VRS) y el SARS-CoV-2, además de bacterias como el neumococo.
Estas infecciones pueden provocar desde cuadros leves o asintomáticos hasta enfermedades graves con dificultad respiratoria, complicaciones cardiovasculares y pulmonares, hospitalizaciones e incluso la muerte.
La neumonía también representa una preocupación para este grupo de población. Según el material difundido, la incidencia de neumonías bacterianas en personas mayores de 65 años puede triplicar la registrada en la población joven.
De Luna destacó la importancia de la vacunación como una herramienta para mantener la capacidad de respuesta del sistema inmunitario frente a determinados microorganismos durante el proceso de envejecimiento.
Vacunación y hábitos saludables
Aunque la inmunosenescencia forma parte del envejecimiento natural, existen medidas que pueden contribuir a reducir sus efectos y favorecer un envejecimiento saludable.
Entre ellas se encuentran mantener actualizado el esquema de vacunación de acuerdo con las recomendaciones médicas, realizar actividad física, llevar una alimentación equilibrada, evitar el tabaco y el consumo de alcohol y controlar los niveles de estrés.
Este conjunto de prácticas es promovido bajo el concepto de “inmunofitness”, que busca fortalecer la respuesta inmunitaria y contribuir a retrasar su deterioro asociado con la edad.
Los especialistas también recomiendan crear entornos seguros para los adultos mayores, prevenir caídas y lesiones y garantizar servicios de salud integrados, con especial atención a la atención primaria.
El envejecimiento de la población supone, por tanto, un reto que trasciende el aumento de la esperanza de vida y requiere que los sistemas sanitarios fortalezcan la prevención para que las personas puedan vivir más años, pero también con una mejor calidad de vida.



