“La mayoría de los hoteles están cerrados aquí. No hay turistas. No viene nadie. Y los pocos que están abiertos no tienen ni el 5% de su capacidad”, dice el isleño en pocas palabras. Aunque su corta descripción resume las dimensiones de la devastación que ya ha sido puntualizada por la Asociación de Hoteles de la ciudad de Nueva York (HANYC): mucho más de 200 hoteles han cerrado definitivamente sus puertas por las restricciones impuestas por el COVID-19.
Cristian cuenta que la mayoría de sus compañeros hispanos, en las diferentes posiciones como camareros, bartenders, personal de limpieza y recepcionistas, allí en los alrededores del vibrante Times Square, perdieron sus trabajos. Y lo peor, no calcula que lo vuelvan a recuperar, por lo menos en los próximos meses.
“Ya vamos casi un año con esto de la pandemia. Y esto va para largo, porque se contagia muy fácil. Ahora vienen las nuevas variantes del virus. Estas calles estaban llenas todo el año, tu no podías ni caminar, los hoteles siempre estaban repletos, tanto que a veces costaba conseguir una habitación en temporada alta, pero ahora la gente le da miedo venir”, remata el trabajador.

Una crisis que se ‘hospeda’ en los hispanos
Más de 25,000 empleados hoteleros, con base a los cálculos de la HANYC, no han tenido trabajo durante más de 10 meses, convirtiendo a la industria en una de las más duramente afectadas en la Gran Manzana.
Como era absolutamete predecible, varias encuestas y reportes dados a conocer desde que empezó la crisis de salud pública, encontraron que la pérdida de empleos relacionada con la pandemia ha afectado de manera desproporcionada a los latinos en la ciudad de Nueva York.
Investigadores de City University of New York (CUNY) encuestaron a 1,000 residentes de la ciudad y encontraron que el 41% de los hispanos dijeron que ellos o alguien más en su hogar, habían perdido su trabajo desde que empezaron las restricciones pandémicas.
“En la mayoría de las familias de la comunidad hispana hay un miembro que está en trabajos de servicios como restaurantes u hoteles“, dijo Scott Ratzan, un académico de CUNY
Se estima que uno de cada cinco trabajadores de servicios en los hoteles en la ciudad de Nueva York es de origen hispano.

Extrañando las propinas
En las calles que intersectan con la denominada ‘Encrucijada del Mundo’, en el corazón de Manhattan, decenas de teatros, restaurantes y negocios vacíos se mezclan con una hilera de hoteles grandes y pequeños cuyas entradas están clausurada con láminas de madera, quizás esperando tiempos mejores.
El drama es mayor para quienes aunque ganaban salario mínimo, podían ‘levantar’ mucho dinero en propinas de turistas en las diferentes áreas de servicio, por movilizar las maletas a los huéspedes, limpiar las habitaciones, organizar la lavandería o por servir un trago en uno de los bares en el interior de estos hospedajes.
Una de las víctimas del derrumbe de este sector fue la dominicana Nohelia Gómez, de 50 años, quien trabajó por 12 años como camarera en una cadena de hoteles que definitivamente decidió cerrar sus puertas en el otoño pasado. La inmigrante comparte que aunque ha podido sobrevivir con el seguro de desempleo y otros beneficios, “nunca es igual”.
“Es una industria en una ciudad en donde prácticamente todo el año es temporada alta. Especialmente en el verano, en el otoño, en Navidad, viene gente con mucho dinero que son muy generosas con los ‘tips’. Yo me sentí muy triste porque cuando me mandaron para la casa, pensaba que me iban a llamar de nuevo. Pero ya nos dijeron que el hotel cerró”, comentó Nohelia.
Fuente: EL Diario NY.



